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99 que hasta entonces habían ejercido dentro de sus territorios el papado y la Iglesia católica. En cada situación, estos cambios fueron legitimados apelando a un concepto esencialmente luterano de la Iglesia como cuerpo puramente espiritual, cuyo único deber era predicar la palabra de Dios sin aspirar a ningún otro poder (Skinner 1993, 2:91). Aquí la intención fue reivindicar la separación de Iglesia y el Estado, reforzando éste último, pues en esta zona ya había un Estado más definido que en Italia no existía. El último paso fue proclamar al Rey en lugar del Papa como cabeza de la Iglesia y efectuar una trasferencia a la Corona de todos los poderes jurisdiccionales que hasta entonces había ejercido la Iglesia. Este paso se dio en Dinamarca, Suecia e Inglaterra (Skinner 1993, 2:93). Es así como a través de este contexto político y religioso se comenzaron a sentar las bases de la teoría política de Estado en el norte de Europa. De esta forma, la Iglesia católica en Inglaterra se separó de la autoridad del Papa, el obispo de Roma, formándose la Iglesia anglicana y, con ello, comienza a fundarse un nuevo lenguaje con el que se justifique su acción y un concepto moderno de la obligación política. Así, fue posible para las autoridades seculares legitimar su pretensión de que debía considerárseles como el único poder jurisdiccional dentro de sus propios territorios y que debían ser reconocidas como único objeto apropiado de la lealtad política de un súbdito (Skinner, 1993, 2:96). Skinner demuestra que el pensamiento político no es uniforme ni lineal, cada texto corresponde a un contexto concreto y a una intención particular. Para Skinner, en Alemania la Reforma fue un movimiento generado por el pueblo, en tanto que en Dinamarca fue impuesta en gran parte “desde arriba” al término de una guerra civil. En cambio, en Suecia e Inglaterra tuvieron que dar dos nuevos pasos: uno,

