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127 idea de la completa indignidad del hombre (Skinner 1993, 2:9) que lo lleva a hacer un análisis desesperado de su relación con Dios. El sujeto en Skinner sigue siendo aquel cuya mente está reflexionando y proponiendo ideas que den viabilidad a los problemas que aquejan su contexto. La idea de sujeto en Lutero es de aquel que le inquieta los problemas ontológicos y de organización eclesiástica en un contexto de cambios de paradigmas en lo religioso al darse una relectura de la Biblia. En Lutero hay algo muy diferente que en Maquiavelo u otros sujetos, aquí Lutero no piensa en darle soluciones sólo a sus problemas contextuales político-religiosos, sino está reflexionando sobre un problema que él considera universal y trata de definir al hombre no en su forma política, sino en su relación con Dios. Pero esto no deja de establecer que todo pensamiento surge de un contexto, aunque la idea intente aspirar a la universalidad. En el caso de Lutero encontramos un sujeto que no le aqueja tanto la política como a Maquiavelo, sino la teología, y es en los textos religiosos donde están las bases de su intelecto y vocabulario. A Lutero le interesa negar la definición erasmiana del libre albedrío como “un poder de la voluntad humana por el cual un hombre puede aplicarse a las cosas que conducen a la salvación eterna”. Por el contrario, Lutero insiste en que, “puesto que los hombres son de carne y sólo les gusta la carne, de allí se sigue que el libre albedrío sólo sirve para pecar” y que todos los hombres están “consignados a la perdición por el deseo impío” (Skinner 1993, 2:12). Es así como Lutero se convierte en el innovador de su contexto, pues mientras el vocabulario teológico normativo afirmaba el libre albedrío entre los hombres, Lutero
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