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34 eso era la dignidad del pensamiento histórico. Para la década de los treinta del siglo XX, Michael B. Oakeshott (1901-1990) siguió las enseñanzas de Bury en el Caius College de la Universidad de Cambridge (donde después estudiaría Quentin Skinner). Este historiador sostuvo que la historia es un todo o un mundo y no está en partes aisladas; planteó también que este mundo es el mundo de las ideas y el conocimiento es mediante las ideas y no por los hechos (Collingwood 2000, 149-153). Es notable cómo la disciplina histórica inglesa, en Cambridge específicamente, va adquiriendo una perspectiva propia donde converge y se desarrolla el estudio de las ideas de los individuos y la utilidad que éstas pueden tener. Skinner, como veremos posteriormente, será un heredero de la tradición utilitaria e individualista del pensamiento inglés, así como de la perspectiva histórica de Cambridge que se enfoca en las ideas. Para las décadas de los cincuenta y los sesenta del siglo XX, dominaban cánones positivistas de corte tradicional en la historiografía inglesa, profesores como Lewis Namier (1888-1960) y Geoffrey Elton (1921-1994), representantes de la profesión histórica inglesa en las Universidades de Manchester y Cambridge, aplicaban tesis tradicionalistas sin tomar en cuenta cómo se entendían y articulaban las acciones y pensamientos de los actores (Goldie 2006, 5-6). De la misma forma en como Lovejoy concebía la importancia de los textos originales, la práctica historiográfica dominante en Inglaterra también asumía como única fuente veraz y exclusiva la lectura de archivos y textos originales e importantes de una época como las únicas herramientas capaces de explicar la historia. Namier consideraba a la ideología como: “patológicamente una distorsión sistemática de como las cosas realmente fueron” (Goldie 2006, 5). Para este autor, el
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