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35 historiador es quien pone al desnudo los fundamentos materiales de la acción política. La ideología no era material vital para la historia. A su vez, el discurso político era visto como propaganda y construcción distorsionada, cualquier historiador que tocara mínimamente la cuestión retórica y la persuasión pública era débil en sus argumentos (Goldie 2006, 5). Para el paradigma anglosajón de mediados del siglo XX, el discurso privado o individual estaba exento de la ideología; todo el material político e intelectual que no correspondiera a un cuerpo textual de pensamiento que se adaptase a las ideas globales institucionalizadas de la historia, era discriminado por ser una “alteración” y “desfiguración” de la realidad. La tradicional historia de las ideas es también denominada como el paradigma del behaviorismo o empirismo conductista, ya que se trataba de un modelo donde la investigación debería describrir y explicar y, de ser posible, predecir los fenómenos políticos en términos exclusivamente empíricos, evitando todo juicio evaluativo (Velasco 1995, 14). Los defensores de este paradigma terminan justificando el actual estado de cosas políticas (Velasco 1995, 15). Esta visión empírista busca conocimiento comprobable y respaldado por la experiencia, donde los juicios y valores estén excluidos, y la descripción y explicación objetiva sean el producto ideal de toda investigación. Hay que resaltar que la idea de historicidad en esta perspectiva es nula, pues la historia como proceso corto o largo de sucesos, como contexto, circunstancia, medio social, político, económico, cultural, etc., no tiene relevancia para las ideas-unidad, ya que éstas últimas imponen a la historia su forma de concebir al mundo. No se estudia historia, sino simplemene, la lógica natural de la idea que va encontrando diversos autores sustitutos.

