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autora lo explica: “la ausencia de fechas exactas, y algunos detalles casi increíbles, me hicieron catalogar este episodio salvaje y romántico, entre las leyendas mexicanas”. Al relatar el episodio, cita a Fortunato Hernández. Incluso hace mención de María, la sirvienta que cuenta la historia a este autor. En su texto puede notarse cierta tendencia hacia el discurso propuesto por las autoridades del que se hablaba anteriormente, ella afirma que varios han sido los gobernantes de Sonora, que han hecho encomiables esfuerzos por asimilar a los seris a la civilización y todo ha sido en vano; indolencia y pereza, a la vez que valor indiscutible, son características suyas. Además, retoma lo dicho por autores anteriores acerca de las características negativas atribuidas a los seris. Al hablar del evento, la autora lo describe así: Nada aparentemente parecía turbar la quietud del paisaje; apenas si el chirriar de las ruedas de los carros sobre los pedruscos del camino, interrumpían el silencio; se acercaba la caravana a “La Palmita” cuando las mujeres comenzaron a dar señales de inquietud, y de pronto, una flecha que pasó silbando trágicamente para ir a hacer blanco en la cabeza de uno de los carreros, detuvo la marcha, para hacer aprestos de defensa; encarnizado fue el encuentro... Balas y flechas se cruzaron con salvaje furia, alaridos de dolor y gritos de angustia llenaron el campo, y por fin, después de casi una hora de combate, los indios resultaron vencedores. En esta versión, la autora utiliza también el estilo indirecto para narrar el sentimiento contradictorio de Dolores al estar por primera vez frente a Coyote Iguana. Cuando Lola recobró el sentido después del combate, se encontró en los brazos de un indio alto y fuerte, de fiera aunque no, desagradable mirada; el terror que sintió la inocente muchacha, le privó de la voz pero luego al recordar lo 160

