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Los métodos de la llamada “epidemiología histórica” (o la mirada histórica a los
problemas epidemiológicos) son los mismos de la epidemiología “actual”. La diferencia
fundamental es que, con la excepción de los restos humanos analizados por la paleopatología,
sus fuentes de información son necesariamente indirectas: registros parroquiales y civiles,
padrones, cartas, planes, crónicas y distintos documentos de archivo, estudios médicos e
iconografía, entre otros. Hasta donde resulta posible y dependiendo de cada caso, la
epidemiología histórica emplea los mismos indicadores de salud, mortalidad y morbilidad
que la relativa a situaciones actuales, intentando asociarlos con los indicadores demográficos,
sociales, económicos y culturales (Bernabeu 1991).
En la dimensión biológica cobran relevancia dos conceptos que resultarán centrales:
demografía de antiguo régimen (DAR) y transición demográfica (TD). La DAR se caracteriza
por la frecuente presencia de epidemias, situación propia de sociedades preindustriales,
donde los brotes epidémicos formaban parte, junto con las guerras, las crisis agrícolas y los
desastres naturales, de los flagelos que mantenían estancado el crecimiento natural de la
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población (Cardoso y Pérez Brignoli 1976, 141-160). Las crisis demográficas eran uno de
los elementos más importantes en la constitución de la dinámica demográfica de las
poblaciones de antiguo régimen, pues su presencia periódica generaba transformaciones a
corto, mediano y largo plazo en la evolución de estas sociedades (Pescador 1992, 90).
Con respecto a la TD, esta teoría pretende sintetizar el proceso demográfico que
experimentan las distintas sociedades, el cual se caracteriza por el paso de niveles altos y
descontrolados, a niveles bajos y controlados de mortalidad y natalidad. En su fase inicial, lo
primero que disminuye es la mortalidad, como consecuencia del paulatino control de las
14 Significan algo más que crisis de mortalidad, implican una completa alteración de la dinámica demográfica
poblacional, afectando radicalmente las curvas de nacimientos y matrimonios. (Pescador 1992, 90-92).
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