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Hacia 1911, el servicio de la vacuna estaba confiado a la sobrevigilancia de uno de

                  los  vocales del  Consejo Superior de Salubridad  y  se componía de un conservador de la


                  vacuna, 22 inspectores sanitarios, tres vacunadores que hacían el servicio periódico en las

                  diferentes parroquias de la ciudad de México y un vacunador en la Casa de Niños Expósitos.


                  Además, en cada uno de los puertos principales existía un médico delegado (salvo los casos

                  de Tampico y Veracruz, que contaban con dos facultativos), había cuatro médicos en las


                  principales ciudades fronterizas del norte y 26 delegados del Consejo para cubrir la república,

                  aunque ese personal aumentaba en casos de emergencia, como ocurrió con motivo de la

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                  campaña contra la fiebre amarilla.

                         Si bien estos esfuerzos muestran el fortalecimiento de la estructura para la atención

                  de los problemas sanitarios, el Dr. Liceaga advierte la relevancia de “inculcar los preceptos


                  de la higiene individual y social en todas las clases”, a través de una amplia divulgación del

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                  conocimiento médico.  Esto, continúa el presidente del Consejo Superior de Salubridad,

                  “que ha sido por tanto tiempo descuidado, debe ocupar la atención preferente del gobierno

                  federal,  de  los  estados,  de  los  municipios  todos  del  país,  de  las  agrupaciones  agrícolas,


                  mineras, industriales, de las sociedades mutualistas y de los individuos cultos que componen

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                  la comunidad, pues el interés de la salud pública lo reclama urgentemente”.

                         En diferentes partes de esta conferencia, el Dr. Liceaga reafirma su convencimiento

                  de que la única vía para cumplir lo establecido en el Código Sanitario de 1891 era por medio

                  de la interiorización de estos preceptos en cada uno de los individuos. Por esto, busca que


                  “cada  hombre,  cada  municipio,  cada  estado  de  la  federación,  el  gobierno  general  y  los



                  47  AHSS, fondo Salubridad Pública, sección Congresos y Convenciones, caja 10, expediente 21.
                  48  El Consejo Superior de Salubridad divulgaba los “conocimientos de la higiene privada y pública” por medio
                  de cartillas, instrucciones populares, conferencias. Varios ejemplos de estos elementos forman parte del acervo
                  del AHSS.
                  49  AHSS, fondo Salubridad Pública, sección Congresos y Convenciones, caja 10, expediente 21.

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